domingo, 29 de junio de 2014

Enfrentamiento ante la muerte por el adulto mayor con enfermedad terminal

Se realizó un estudio descriptivo con el objetivo de conocer el comportamiento del enfrentamiento de la muerte por el adulto mayor con enfermedad terminal en el área de salud del policlínico comunitario docente “Rodolfo Ramírez Esquivel” de Camagüey, desde enero de 2002 a enero de 2003.El universo estuvo constituido por 130 pacientes que fueron seleccionados por muestra sistemática con arranque aleatorio 1:4 a los que se les aplicó una encuesta confeccionada al efecto. Predominó el grupo de edades de 81 años y más, el sexo femenino y la escolaridad primaria; la muerte interpersonal fue la más frecuente, y dentro de las fases de la agonía, la depresión. La mayor parte de los ancianos desearon morir en su hogar, los familiares generalmente manifestaron sobreprotección y permisividad hacia ellos, mientras que éstos presentaron depresión, ansiedad, miedo y dependencia hacia sus familiares. 


INTRODUCCIÓN 

El adulto mayor posee cierto nivel de sabiduría producto de los años y experiencias vividas en diferentes momentos históricos y ambiente social y deseos de mantener su propia independencia mientras le sea posible. Las personas acumulan un caudal de experiencias, condiciones de salud y aptitudes. Por tales razones, el comportamiento y los niveles de funcionamiento son diferentes aún entre personas de la misma edad.
La muerte, a pesar de ser un hecho natural, es un tabú en la sociedad actual. El ser humano nace y su vida toma forma, pero de repente un día todo se trunca, y ese día aparentemente igual a los demás, por enfermedad, accidente o en algunos casos por voluntad propia, la persona muere. acontecimiento especial en la vida; en muchos aspectos la muerte en la vejez presenta una cualidad diferente a la muerte de individuos de otras edades. En la persona mayor es menos trágica, parece más justa que en un joven donde la circunstancia de su muerte es probable que sea traumática, en cambio los ancianos moribundos aceptan el hecho de que la vida es finita y puede parecer algo natural. La muerte es el resultado de la ruptura del equilibrio biológico y físico-químico que mantiene la vida, por lo que el cese de las funciones fisiológicas del cuerpo, el riesgo de morir o de entrar en contacto con la muerte de “otros” cercanos, es mayor para quien obviamente, transite por la séptima u octava década de la vida. La muerte propia o ajena, puede enmarcarse siempre dentro de una de las tres dimensiones siguientes: 
muerte impersonal (“yo-el hecho”); muerte interpersonal (“yo-tú”); muerte intrapersonal (“yo-yo”).
Con frecuencia los enfermos moribundos atraviesan diversas fases descritas por Elizabeth Kubler-Ross: negación, agresividad, pacto, depresión y aceptación. El enfermo expresa su deseo de morir en cualquiera de estas fases, pero la experiencia demuestra que muchos de ellos reclaman la muerte en una fase de rebelión o desesperación, después cuando se sienten aliviados y acompañados, le encuentran significado a la última fase de su vida. Las denominadas manifestaciones psicológicas de la muerte, se observan en los distintos niveles de respuesta, aunque lo cognitivo, lo afectivo y lo conductual están tan interrelacionados y son tan interdependientes uno del otro que no siempre es posible hacer diferenciaciones exactas, pero resulta imprescindible hacer algunas particularizaciones para que los especialistas de geriatría puedan identificar indicadores de alteraciones psicológicas de la muerte en las personas ancianas.
Si bien es cierto que la gran mayoría de las personas de 60 o más años se mantienen activas. 


MÉTODO 

Se realizó un estudio descriptivo con el objetivo de conocer el comportamiento del enfrentamiento de la muerte por el adulto mayor en el área de salud del Policlínico Comunitario Docente “Rodolfo Ramírez Esquivel” de la Ciudad de Camagüey en el período comprendido desde enero de 2002 a enero de 2003.El universo de la investigación estuvo constituido por todos los pacientes de 60 y más años con enfermedad terminal, pertenecientes a cinco consultorios del médico de la familia de dicho policlínico, de los cuales se realizó una selección por muestra sistemática con arranque aleatorio de 1:4, esta fue la muestra definitiva de nuestro estudio (130 en total). A los que previamente dieron su consentimiento para formar parte de la investigación, se le aplicó una encuesta según criterios de expertos cuyas variables fueron: 
• Edad. 
• Sexo. 
• Escolaridad. 
• Afectación psicológica por las dimensiones de la muerte. 
• Fases de Kubler-Ross. 
• Lugar donde se desea morir. 
• Actitud de sus familiares. 
• Trastornos psicológicos.

Dentro de la población estudiada se encontraron mas ancianas que ancianos, Gutiérrez Ruiz6 plantea que en la población mayor de 60 años la taza de crecimiento del sexo femenino supera al masculino, comportamiento asociado con la sobremortalidad masculina, lo que coincide con nuestro estudio. Maldonado bservó que dentro de la población anciana el 51.4 % corresponde al sexo femenino y se espera que para el 2025 aumente hasta el 55.0 %. 

Los estudios realizados acerca del tipo de afección psicológica según las dimensiones de la muerte coinciden con los resultados de la muestra 8-9. Cuando se llega a viejo y la compañera o el compañero nos abandonan para siempre, se inicia el proceso de duelo más doloroso que existe, pues deja una herida emocional inevitable.10 En este proceso la familia juega un papel muy importante y se convierte en fuente de apoyo, intimidad, compañía y consuelo, para que éste no se sienta solo. El análisis del comportamiento de los estadios de Kubler-Ross o fases de la agonía por M. Milagros y M. Corbí coincide con los obtenidos en la muestra de estudio. Con respecto a las actitudes de las personas mayores frente a la muerte otros autores plantean que la actitud que cada cual adopta ante la muerte depende de las creencias religiosas, ya que éstas juegan un papel relevante en la influencia positiva, negativa o neutra en todas las personas al pensar en su propia muerte.


El ser humano está sometido a toda suerte de aprendizaje, a lo largo de su existencia, aprender a morir debería ser uno de ellos, ya que supone aprender a vivir intensamente. Quien aprende a morir es el que está vivo, y al hacerlo obtiene un beneficio. La conciencia de la muerte no supone necesariamente tener que asumirla como un factor negativo en todas las situaciones, sino ampliar el horizonte de autonomía de las personas. Hay que aprender, pues, a relacionarse con la muerte y aceptarla de forma vivencial. Los cuidadores de personas con enfermedades terminales tienen tendencia a evitar que éstos realicen las actividades habituales por miedo a la aparición de complicaciones, lo que coincide con nuestro estudio, mientras que Christine en fuente de apoyo, intimidad, compañía y consuelo, de esta forma el anciano podrá sentirse orgulloso de estar en un hogar enriquecido por el amor y continuar con una vida activa. Algunos enfermos terminales, plantea que la familia, y específicamente el cuidador, debe convertirse pueden desencadenar una crisis espiritual que provoca ansiedad, depresión, desesperación e incluso deseos de morir o de suicidarse. Necesitan ayuda para afrontar este sufrimiento, de forma que puedan transformar su desesperación en esperanza y serenidad; muchos necesitan más que una esperanza de curación, reconciliarse con seres queridos y compartir el último tiempo con su familia.10 La permisividad, que ocupó el segundo lugar con el 36.9 %, generalmente acompaña a la sobreprotección. 


Con respecto a los trastornos psicológicos en las personas con enfermedad terminal coincidimos con la literatura revisada, ya que los ancianos al enfrentarse a la muerte están tristes, esto se debe a remordimientos, sentimientos de culpa, preocupación por problemas legales, sociales o económicos, se preguntan frecuentemente por qué sufren la enfermedad; los creyentes se sienten abandonados de Dios, otros sienten que su conducta pasada es la causa.12,13 Muchos al revisar sus vidas experimentan emociones negativas y otros necesitan reconciliarse con ellos mismos y con los demás; esto unido al sufrimiento de dolor, insuficiencia respiratoria, insomnio, incontinencia o retención urinaria o fecal e incluso por la propia farmacoterapia.8 Dentro de los trastornos psicológicos presentados por los pacientes que se sienten próximos a la muerte, se detectó en primer lugar la depresión, muy frecuente entre los ancianos, se presenta sólo por el único hecho de envejecer y no saber enfrentar los cambios propios de este proceso.El temor a las discapacidades y/o mutilación como consecuencia de la enfermedad o del tratamiento aparecen recogidos en la literatura revisada y en la presente investigación ocupó el segundo lugar con el 37.69 %.El tercer lugar lo ocupó la ansiedad, con 29.23 %. En la bibliografía consultada este síntoma se presenta como reacción de ajuste al proceso de enfermedad y anticipación de la muerte, por el temor a lo desconocido y por la toma de decisiones con relación a continuar o retirar tratamientos o la posibilidad de “no resucitación” en el caso de paro cardiorespiratorio. En nuestro estudio la conducta suicida no estuvo presente de forma significativa, sin embargo, muchos autores coinciden en que todo el conglomerado de factores relacionados anteriormente constituye un factor de riesgo en la conducta del enfermo terminal. 

CONCLUSIONES 

1. Prevaleció el grupo de de 81 y más años de edad y el sexo femenino. 
2. El adulto mayor generalmente se siente afectado más por la muerte interpersonal que por la suya propia. 
3. Según los estadios de Kubler-Ross predominó la fase de depresión. 
4. Los familiares de sujetos próximos a la muerte manifestaron sentimientos de sobreprotección y permisividad. 
5. Cuando el anciano siente la proximidad de la muerte trasluce depresión, ansiedad excesiva, 
miedo a mutilaciones o trastornos secundarios al tratamiento y dependencia de sus familiares.




Fuente:

- http://www.redalyc.org/articuloBasic.oa?id=211117623011

No hay comentarios:

Publicar un comentario