domingo, 6 de abril de 2014

El dolor en el adulto mayor actualizar

El dolor en el adulto mayor


El dolor es una de las mayores causas de consulta en pacientes adultos mayores; por tal razón, es importante conocer cuál es el comportamiento y las variaciones que puede presentar este síntoma en relación con los demás pacientes. De hecho, los pacientes a menudo esperan que el dolor sea severo o intolerable para consultar al profesional. Puede ser un síntoma o una consecuencia de una lesión, enfermedad o cirugía. Una de sus definiciones es la percepción de una sensación desagradable y la experiencia emocional asociada con un daño tisular real o posible.

La percepción y experiencia del dolor se afectan por muchos factores que incluyen sus causas y las bases culturales del individuo, así como las experiencias y emociones previas; por tanto, su umbral y su tolerancia son variables en las diversas personas y aun en el mismo individuo en circunstancias diferentes. Las enfermedades dolorosas son de mayor interés en los mayores que en los jóvenes, pues aquéllos pueden tener condiciones que llevan a dolor de ambos tipos: crónico y agudo. Los procedimientos quirúrgicos se realizan con más frecuencia en los sujetos mayores pues ellos están más predispuestos a tener enfermedades de larga evolución asociadas con dolor significante como osteoartritis.



CLASIFICACIÓN DEL DOLOR

Se clasifica de varias formas. El dolor agudo es de aparición reciente, con causa por lo general demostrable, pero no siempre, y puede persistir de minutos a días. El dolor con duración mayor de 72 horas se denomina subagudo mientras que el crónico se puede sufrir de meses a años, aunque su definición varía. Comúnmente se considera dolor crónico al que dura más de tres meses, pero este límite es bastante arbitrario. Otros señalan como dolor crónico a cualquiera que dure más de lo esperado para la resolución de un problema.

Con esta definición el tiempo permitido para catalogarlo como crónico es variable.
Puede ser referido a un sitio distante de su origen y es común en afecciones de órganos internos o vísceras como riñones, colon, útero y recto que pueden referirlo a la región lumbosacra.

ASPECTOS PSICOSOCIALES DEL DOLOR CRÓNICO


El dolor crónico tiene estrechos componentes psicológicos, emocionales y sociológicos; se ha demostrado una fuerte relación entre él, la depresión y la ansiedad en grupos de todas las edades interactiva y poco entendida. Los efectos a largo plazo, en el bienestar físico, psicológico y social de un individuo, hacen que una persona adolorida crónicamente sea más propensa a la depresión, sobre todo si es mayor. Asimismo, un enfermo deprimido puede demorarse más para recuperarse y eso puede alterar su experiencia frente al dolor. Otros factores asociados con el dolor y la depresión son los altos niveles de desacondicionamiento o limitaciones físicas que producen y los bajos niveles de seguridad social donde se ubican estos pacientes


CONCLUSIÓN

El dolor es un problema significativo para la población que envejece, aunque por lo general no expresan en forma adecuada lo que se relaciona con el.


Otros tratamientos que pueden ser efectivos incluyen las modalidades térmicas como el calor y el frío, TENS, relajación y control de la imaginación,ayudas ortopédicas auxiliares, tratamientos activos como el ejercicio, estiramiento y compresión para reducir la inflamación y mejorar la circulación y la educación para tener un entendimiento cognoscitivo del dolor. La experiencia indica que a pesar de todos los problemas con el dolor, muchos adultos mayores son capaces de mantener niveles de actividad funcional.





Fuente:
- http://www.redalyc.org/articuloBasic.oa?id=28332406

viernes, 4 de abril de 2014

La situación del adulto mayor en el Perú prehispánico y en el Perú moderno

El 50% de adultos mayores en el Perú sufre algún tipo de maltrato por parte de sus familiares, en especial la intolerancia y la indiferencia.


No obstante, que en el país existe legislación orientada a la defensa y protección de las personas de la tercera edad, como la Ley 28803, que garantiza los derechos de los ancianos y determina que sus familias tienen la obligación de velar por ellos en pro de su bienestar.

Sin embargo, el tema encierra una paradoja porque el concepto de familia moderna, solo considera la convivencia de la pareja y los hijos, mas no, la presencia de los padres, por considerarlos una carga económica y una molestia para la educación y crianza moderna de los hijos.

Para el año 2005 se ha estimado que en el Perú hubo dos millones 146 mil adultos mayores que representan al 7.7% de la población del país. Este grupo poblacional tiene una tasa de crecimiento anual de 3.1%. La dependencia de la población mayor se incrementaría con el tiempo de 12% del año 2005 a 34% para el año 2050.

Por este motivo, la vejez, al igual que la infancia, debería ser motivo de preocupación y de alerta para la sociedad y el Estado. Asimismo, estos datos estadísticos, deberían generar acciones integrales que conduzcan a mejorar la capacidad productiva del país, mejorar las condiciones de empleo, la salud, seguro de invalidez, y mejorar los ingresos económicos de los Cesantes y Jubilados, ya que ellos pertenecen de la Tercera Edad y también, muchos de ellos, desean integrarse al proceso productivo, dentro de normas establecidas que les permitan ejercer sus derechos y mejorar sus ingresos económicos.

Por tanto, se requiere medidas y acciones efectivas y concretas, dirigidas a generar espacios de producción acorde a la edad y capacidad de los usuarios, y no solamente buscar acciones para ocupar el tiempo libre de los ancianos para el descanso, o dar preferencia en los lugares públicos. Se tienen la idea errónea de considerar a los Adultos Mayores como menores de edad o como minusválidos, quienes requieren de la generosidad y tolerancia de parte de los jóvenes.

El hecho de tener la posibilidad de vivir más años debería ser motivo de celebración y alegría como lo fue en la época pre-hispánica; gracias a la modernidad se extiende nuestra esperanza de vida cada vez más y estos cambios no van acompañados de políticas adecuadas para brindar una mejor calidad de vida.

Al parecer, nadie tiene en cuenta que la vejez, es el conjunto de cambios biológicos, psicológicos y sociales, es un proceso normal einherente a todo individuo

Gran cantidad del esfuerzos de la sociedad y del Estado están dirigidos a la educación y preparación de los jóvenes para el trabajo, lo cual esta muy bien, pero no existe una propuesta de desarrollar estrategia o habilidad para preparar a los adultos, en el momento oportuno, a diseñar sus proyectos de vida para una vejes digna y saludable, y que no ocurra situaciones dolorosas de ver a muchos de ellos; que por falta de ocupación y no tener un círculos social al cual incorporarse de manera útil y productiva, buscan como una ocupación y un motivo para cambiar de ambiente o salir de sus casas con un fin especifico, la atención en los servicios de salud, encontrando a estos; a pesar de las dificultades para el acceso, como espacios de encuentro, socialización y ocupación.

El país no está preparado para enfrentar el envejecimiento poblacional, ni los servicios de salud están en condiciones de afrontar una mayor carga de enfermedades no transmisibles, propias de la edad adulta, será más grave, sino se toman medidas desde ahora.

Pareciera que el adulto mayor es una población invisible. En la época Inca la población del Adultos Mayores no fue una población invisible o improductivo, por el contrario, los ancianos tenían funciones especificas que cumplir dentro del núcleo familiar y la comunidad, según nos comenta el etnógrafo indígena del Perú, Guaman Poma de Ayala, quien fue natural de Lucanas, Yarovilca (Ayacucho) posiblemente nació entre los años 1534 – 1536. Su obra
titulada “Nueva Corónica y Buen Gobierno”, da la visión indígena del mundo andino y permite reconstruir con todo detalle aspectos de la sociedad peruana después de la conquista. 






Fuente:
- http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=203119676010

jueves, 3 de abril de 2014

Principales errores de prescripción farmacológica


Los adultos mayores son más propensos a presentar reacciones adversas medicamentosas (RAM), debido a la polifarmacia que caracteriza a aquellos con múltiples enfermedades, y cambios, que por la edad ocurren en la farmacocinética y la farmacodinamia de los medicamentos. La evaluación de los aspectos de seguridad y uso racional de los medicamentos son importantes en esta población; por ello, se propone una lista de chequeo que consiste en hacer una lista de medicamentos (incluye la medicina herbaria); detectar e intervenir síndromes geriátricos inducidos por medicamentos, sobreprescripción, disprescripción e infraprescripción; medir e intervenir la adherencia farmacológica, medir los parámetros para posología geriátrica; prevenir las reacciones adversas por retiro inadecuado de fármacos, evaluar la capacidad de manejo de medicamentos de la persona mayor y utilizar la hoja de información mínima sobre el fármaco prescrito al paciente. Esta lista de chequeo construida en base a instrumentos validados, es una propuesta cuya aplicación en el contexto ambulatorio y hospitalario es posible y factible.

El uso seguro de los medicamentos en adultos mayores requiere la prevención de tres principales errores de prescripción farmacológica: sobreprescripción, disprescripción e infraprescripción de fármacos.

Sobreprescripción es prescribir más medicamentos que los clínicamente necesarios. Disprescripción es la prescripción incorrecta de un fármaco que tiene una indicación clínica, los errores pueden ser selección del fármaco, dosis, forma de administración, duración de la terapia, interacción medicamentosa, monitorización y costo.
La infraprescripción es la omisión de una intervención farmacológica de probada efectividad según criterios de medicina basada en evidencias, existiendo la condición o enfermedad que exigía tal intervención terapéutica.

La prevalencia de subprescripción farmacológica en personas mayores es de 42%, entre los cuales figuran omisión de prescripción de medicamentos, existiendo la indicación para estatinas, antiplaquetarios, metformina, inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina para falla cardiaca crónica y aspirina o clopidogrel para historia de cardiopatía coronaria o enfermedad vascular periférica.
Actualmente, uno de los instrumentos más utilizados sobre prescripción potencialmente inadecuada de medicamentos en adultos mayores son los criterios de Beers, cuya última versión fue publicada el 2012.


Uno de los objetivos principales de los criterios de Beers fue la de servir como un instrumento para la prevención de eventos adversos causados por medicamentos, sobre la hipótesis que los fármacos incluidos en dicha lista estaban asociados a resultados adversos en la población geriátrica que lo consumía.

En una revisión sistemática sobre la asociación de resultados sobre la salud asociados a los criterios de Beers, no se encontró asociación con mayor mortalidad y otros resultados (Ejem. hospitalización, deterioro funcional, etc.) los efectos sobre calidad de vida y costos no fueron concluyentes; sobre las RAM solo se incluyó tres estudios, dos de las cuales mostraron asociación significativa. Por consiguiente, se hace necesario buscar estrategias diferentes de las listas explicitas (Ejem. criterios de Beers), con el objetivo de hacer un uso racional y seguro de los medicamentos en personas mayores.


Fuente:
- http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=36328562026

miércoles, 2 de abril de 2014

Envejecimiento activo

En los últimos veinticinco años ha surgido un nuevo paradigma del envejecimiento que se ha llamado, entre otros: saludable(OMS, 1990), buen envejecer (Fries, 1989), competente (Fernández-Ballesteros, 1996), con éxito (Rowe y Kahn, 1987; Baltes y Baltes, 1990) o activo (OMS, 2002). El concepto ha ido evolucionando, desde la definición de la OMS de 1990 delenvejecimiento saludable (centrado en la salud), hacia un modelo mucho más integrador, como el de envejecimiento activo(OMS, 2002), definido como "el proceso de optimizar las oportunidades de salud, participación y seguridad en orden a mejorar la calidad de vida de las personas que envejecen" (p. 12). 


El objetivo es extender la calidad, la productividad y esperanza de vida a edades avanzadas. Además de seguir siendo activo físicamente, es importante permanecer activo social y mentalmente, participando en actividades recreativas, de voluntariado o remuneradas, culturales, sociales, y educativas. El envejecimiento activo se sitúa en la base del reconocimiento de los derechos humanos de las personas mayores de independencia, participación, dignidad, atención y auto-desarrollo. Así, desde esta perspectiva, los determinantes del envejecimiento activo serían: económicos, sociales, físicos, servicios sociales y de salud, personales (psicológicos y biológicos) y comportamentales (estilos de vida). 

El papel del psicólogo en la promoción del envejecimiento activo 

Como se ha indicado anteriormente, el envejecimiento activo depende de un conjunto de condiciones que podemos agrupar en: contextuales (socio-económicas, culturales, ambientales, sanitarias) y personales (factores individuales y comportamentales) (Fernández-Ballesteros, 2005). Los determinantes contextuales son responsabilidad de los gobiernos, que deben introducir los cambios pertinentes en sus políticas socio-económicas, culturales, sanitarias y ambientales. 

Las políticas de acción propuestas por la OMS (2002) para potenciar los determinantes psicológicos y conductuales del envejecimiento activo son: (1) reducir los factores de riesgo asociados a enfermedades e incrementar los de protección de la salud a través de hábitos saludables y ejercicio físico; (2) promover los factores de protección del funcionamiento cognitivo; (3) promover las emociones y un afrontamiento positivo; y (4) promover la participación psicosocial. 


Los psicólogos están implicados en las cuatro políticas de acción propuestas. Así, desde el punto de vista de la Psicología de la salud, los profesionales de la Psicología han enfatizado la importancia que tienen los estilos de vida (ejercicio físico, dieta, no fumar, beber moderadamente, la adherencia al tratamiento, etc.) y ejercen un papel esencial en la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad. 

Por otra parte, el declive cognitivo que ocurre con el paso del tiempo puede ser compensado con ejercicios (Baltes y Schaie, 1976; Fernández-Ballesteros y Calero, 1995; Fernández-Ballesteros y col, 2003). Incluso, la actividad intelectual a lo largo de la vida se considera un factor de protección de la demencia (Wilson y col, 2002). 


Así mismo, la auto-eficacia para envejecer o la percepción de control interno son buenos predictores de envejecimiento activo (Bandura, 1997; Baltes & Baltes, 1990). Variables de personalidad como el optimismo y el pensamiento positivo están asociadas a satisfacción con la vida en la vejez (Caprara y col, 2003). El afecto positivo reduce la mortalidad de las personas mayores. En este sentido, personas con una imagen positiva del envejecimiento (evaluadas 25 años antes) vivieron 7,5 años más que aquéllas con una imagen negativa. La actitud o afecto positivo es un protector contra el declive físico y funcional en mayores. Además, varios estudios subrayan el efecto del entrenamiento de estilos de afrontamiento en la prevención de distintas condiciones psicopatológicas en la vejez (Lazarus, 1980; García Huete, 2002). 

Finalmente, el modelo de envejecimiento activo apunta la importancia de las relaciones sociales, la competencia social, la participación y la productividad. Los investigadores han identificado el tipo de intervenciones que median y promueven una amplia red social, así como la forma de promover mayor participación y compromiso social (Argyle, 2001). 

En definitiva, como concluye Fernández-Ballesteros (2005), desde una perspectiva psicosocial, existen cuatro áreas multidimensionales para la promoción del envejecimiento activo: 1) estilos de vida, 2) funcionamiento cognitivo, 3) emoción y afrontamiento y 4) funcionamiento psicosocial. 

Programas de promoción del envejecimiento activo 

Con base en el II Plan Internacional de Acción sobre Envejecimiento (UN, 2002) y en el documento de la OMS, en los últimos años se han desarrollado múltiples programas para la promoción del envejecimiento activo. Entre ellos, cabe destacar el desarrollado por Fernández-Ballesteros y su equipo (Fernández-Ballesteros, 2002, 2005; Fernández-Ballesteros, Caprara, García e Iñiguez, 2004): Vivir con Vitalidad. El programa, diseñado para impartirse por profesores expertos en diferentes áreas involucradas, se ha aplicado durante 7 años consecutivos en la Universidad Autónoma de Madrid y puede utilizarse como texto para ser auto-administrado (Fernández-Ballesteros, 2002). 

Además, este programa cuenta con una versión multimedia que consiste en un curso estructurado en 23 conferencias-talleres de 3 horas de duración, con un contenido teórico práctico y con temas agrupados en cuatro áreas, las cuales tienen que ver con cómo cuidar el cuerpo y la mente, cómo desarrollar la afectividad y el sentido de control y cómo ampliar la implicación social. La versión multimedia surge con el fin de conseguir una mayor difusión, tanto a nivel nacional como internacional (vídeos con 22 lecciones grabadas que los sujetos pueden ver en su casa o residencia). Además, el programa multimedia incluye la presentación del material, ejercicios propuestos en cada lección y las presentaciones utilizadas en Internet. Así mismo, los estudiantes tienen la posibilidad de contactar con los profesores vía e-mail o por teléfono. 


La evaluación de la eficacia del programa ha sido muy positiva tanto en la versión presencial como multimedia. Ambas versiones han producido cambios significativos en el sentido esperado en el grupo experimental (antes y después de recibir el programa) y en su comparación con el control con respecto a la visión sobre el propio envejecimiento, el nivel de actividad, la nutrición y el ejercicio físico. Sin embargo, las relaciones sociales mejoraron sólo en los sujetos que habían participado en la versión presencial. Además, en todos los casos en que se encontraron diferencias éstas se mantuvieron a los seis meses de seguimiento. 


Conclusión 

Los expertos coinciden en que el envejecimiento activo es un concepto biopsicosocial y, por tanto, no se reduce al mantenimiento de una buena salud libre de discapacidad, sino que también implica el mantenimiento óptimo de aspectos psicológicos y sociales. 

En base a datos empíricos obtenidos en distintas investigaciones, cuatro son las áreas que deben promocionarse para lograr envejecer activamente: hábitos saludables o salud comportamental, funcionamiento cognitivo, funcionamiento emocional, control y estilos de afrontamiento positivos y, finalmente, participación social. 

En definitiva, se puede aprender a envejecer activamente y los psicólogos expertos en vejez y envejecimiento (psicogerontólogos), pueden contribuir muy positivamente a promover el envejecimiento activo de los individuos. 



Fuente:

- http://www.infocop.es/view_article.asp?id=1540

martes, 1 de abril de 2014

Detectando la depresión en adultos mayores

Para complementar el post anterior tal como advierte La Federación para la Salud Mental de las Personas Mayores (Geriatric Mental Health Foundation - GMHF) el abordaje de la depresión sigue siendo una cuestión que no se tiene en cuenta en el grupo de personas mayores, a pesar de ser el problema de salud mental más presente en esta etapa vital y de generar un grave deterioro en el funcionamiento físico, mental y social de este colectivo.



Uno de los principales obstáculos en el acceso a tratamiento para la depresión en personas mayores es la creencia errónea de que se trata de un síntoma “normal” a partir de una determinada edad.

La depresión no es una debilidad personal. No se puede desarrollar la depresión de la lectura de historias tristes o contraer de otra persona. La depresión es causada por un desequilibrio en las sustancias químicas del cerebro llamadas neurotransmisores. La depresión es un sentimiento de tristeza que dura varias semanas y no desaparece. La depresión interfiere con sus actividades diarias y con frecuencia incluye cambios en el sueño, cambios en el apetito, y una pérdida general de energía Los síntomas de la depresión en las personas mayores difieren de los experimentados por los jóvenes o los de mediana edad. Los signos de que una persona mayor puede estar sufriendo de depresión incluyen la incapacidad para dormir, problemas de memoria, la confusión, el retiro de las situaciones sociales, y la irritabilidad. 
Existe evidencia de que la depresión puede ser hereditaria y que el riesgo de la depresión se puede transmitir de padres a hijos. Sin embargo, no se sabe todavía cómo los factores genéticos funcionan o lo importante que son. Otros factores de riesgo para la depresión en la tercera edad son el sexo (las mujeres son más propensas a sufrir de depresión en edades avanzadas que los hombres), la soltería (sobre todo viudas), y la falta de amigos (que viven solas en casa con pocos contactos exteriores con otras personas).

¿Estoy deprimido?

Los síntomas de la depresión 

  • Los síntomas de la depresión suelen durar dos semanas. 
  • Trastornos del sueño (dormir demasiado o muy poco) 
  • Cambios en el apetito (pérdida de peso o ganancia) 
  • Dolores físicos 
  • Falta de energía o motivación 
  • La irritabilidad y la intolerancia 
  • Pérdida de interés o placer 
  • Sentimientos de inutilidad o culpa 
  • Las dificultades con la concentración o la toma de decisiones 
  • Inquietud notable o movimiento lento 
  • Pensamientos recurrentes de muerte o suicidio 
  • El deseo sexual ha disminuido 

Factores de Riesgo para Late-Life Depresión 
  • Cambios en los medicamentos o los medicamentos recetados recientemente para otras enfermedades 
  • Reciente pérdida de un ser querido 
  • Presencia de otra enfermedad o después de un accidente cerebrovascular, operación de bypass, o fractura de cadera 
  • El dolor severo y crónico 
  • Vivir solo y sentirse socialmente aislado 
  • Los cambios hormonales 
  • Antecedentes familiares de depresión 
  • El alcohol o abuso de drogas o el uso indebido 

Algunos de sus amigos pueden haber dicho que sus sentimientos son normales para alguien de su edad, o se espera que la depresión a medida que experimenta limitaciones físicas en la vida. Esto no es cierto. La depresión no es una función normal de envejecimiento. Cuando usted se siente deprimido durante un período de tiempo, es hora de buscar tratamiento.

Usted no tiene que experimentar todos los síntomas de la depresión porque en diferentes personas la depresión se manifiesta de manera única. Una persona puede carecer de energía o motivación, dormir en exceso y aumentar de peso. Otra persona puede sentir ansiedad y perder el sueño. Los adultos mayores suelen experimentar más problemas con el sueño y son menos propensos a tener un estado de ánimo deprimido o preocupación culpable (que es común en las personas más jóvenes con depresión).

Si usted tiene pensamientos de suicidio o muerte, llame a alguien de inmediato, ya se trate de un profesional médico, un consejero espiritual o un ser querido. La cosa más importante para recordar acerca de pensamientos suicidas es que son los síntomas debido a la química de su cerebro-que no son signos de debilidad personal ni van a desaparecer por sí mismos. No dejes que la vergüenza que estará en el modo de comunicar cómo se siente.

Fuente:
- http://www.gmhfonline.org/gmhf/consumer/depression_toolkit.html