sábado, 29 de marzo de 2014

Depresión en adultos mayores







Ser adulto mayor suele describirse como una época de descanso, de reflexión y de oportunidades para hacer cosas que quedaron postergadas mientras uno criaba a los hijos y desarrollaba su carrera.

Lamentablemente, el proceso de envejecimiento no es siempre tan ameno. Acontecimientos como, por ejemplo, los trastornos médicos crónicos y debilitantes, la pérdida de amigos y seres queridos, y la incapacidad para participar en actividades que antes disfrutaba, puede resultar una carga muy pesada para el bienestar emocional de una persona que está envejeciendo.

Una persona de edad avanzada también puede sentir una pérdida de control sobre su vida debido a problemas con la vista, pérdida de la audición y otros cambios físicos, así como presiones externas como, por ejemplo, recursos financieros limitados. Estos y otros asuntos suelen dejar emociones negativas como la tristeza, la ansiedad, la soledad y la baja autoestima, que a su vez conducen al aislamiento social y la apatía.

Depresión

Otra consecuencia más grave es la depresión crónica la que tiene consecuencias físicas y mentales que pueden complicar un problema de salud existente en una persona de edad avanzada y desencadenar nuevas preocupaciones. Algunos estudios han demostrado que algunos cambios corporales naturales están asociados con el envejecimiento y pueden aumentar el riesgo que una persona de edad avanzada experimente depresión. Los programas de tratamiento para los adultos mayores con depresión que tienen una enfermedad cardiovascular y otras enfermedades importantes como la diabetes, problemas oncológicos u otros, suelen tomar más tiempo de lo normal y el resultado es menos satisfactorio.

Además, los sentimientos de desesperanza y aislamiento, que suelen alentar ideas suicidas, son más frecuentes entre las personas mayores, en especial aquellas con discapacidades o que no tienen el apoyo de un profesional especializado.

Un riesgo para la vida diaria

La depresión puede tener efectos potencialmente nocivos para la salud de una persona mayor. La depresión puede llevar a malos hábitos alimenticios que conducen a la obesidad o provocan también pérdida considerable del apetito. Como consecuencia es notoria la reducción de niveles de energía, ocasionado a veces un trastorno conocido como anorexia geriátrica.

Los adultos mayores deprimidos también experimentan índices más altos de insomnio y pérdida de memoria. También tienen tiempos de reacción más prolongados de lo normal, lo que aumenta riesgos asociados con actividades tales como: cocinar, conducir, auto medicarse y otras tareas que requieren una atención completa.

Qué se puede hacer

Si bien envejecer es una parte inevitable de la vida, la depresión no debe formar parte de ella. Los investigadores están de acuerdo en que el reconocimiento, el diagnóstico y el tratamiento temprano puede contrarrestar y prevenir consecuencias emocionales y físicas de la depresión.

Estos son algunos aspectos a tener en cuenta al tratar la depresión en una persona mayor:

  • Sea consciente de las limitaciones físicas. Anime a una persona mayor a consultar con un médico antes de hacer cambios en su dieta o emprender una nueva actividad que pueda comprometer su resistencia física y emocional.
  • Respete las preferencias individuales. Debido a que las personas mayores tienden a ser menos dóciles a los cambios de estilo de vida, pueden ser reacias a adoptar nuevos hábitos o a hacer cosas que otras personas de su edad disfrutan mucho. 
  • Sea diplomático. Una persona mayor con una autoestima frágil puede interpretar expresiones de aliento y estimulo bien intencionados como una prueba más del deterioro de su estado. Otros pueden molestarse ante cualquier intento de intervención. Un psicólogo puede ayudar a sus amigos y familiares a desarrollar tácticas positivas para lidiar con estos y otros problemas delicados.


Fuente: 
- http://www.apa.org/centrodeapoyo/edad.aspx

viernes, 28 de marzo de 2014

Es posible prevenir la demencia


¿Sabías que el deterioro cognitivo no es irreversible? Una revisión reciente publicada en el APA Monitor, revista de la American Psychological Association (APA), recoge las formas en que las personas pueden proteger su cerebro del paso de los años. 

Un amplio cuerpo de investigaciones sugiere que se puede prevenir el deterioro cognitivo producido por el envejecimiento a través del aprendizaje a lo largo de la vida y de la realización de ejercicio físico moderado. 

Un estudio de la Universidad del Estado de Pensilvania (EEUU), dirigido por los investigadores Willis y Schaie, ha evaluado el rendimiento cognitivo de una muestra de adultos saludables a lo largo del tiempo. Sus resultados muestran que, si bien la mayoría de los adultos presentaron un rendimiento cognitivo estable, entre un 10-15% de los participantes obtuvieron, por el contrario, mejoras significativas en su rendimiento cognitivo a partir de los 50 años. 

Mientras tanto, un estudio dirigido por Lachman de la Universidad de Brandeis (Massachussets, EEUU), ha demostrado que el deterioro en la memoria y otras capacidades cognitivas no es inevitable o irreversible y que hay un rango de variación en la magnitud de los patrones de cambio. Su estudio, basado en resultados de una amplia muestra de personas de mediana edad, sugiere que aquéllos que creen que tienen un gran control sobre sus vidas y sobre sus funciones físicas y mentales son más propensos a sentirse felices y a ser más saludables. Este sentimiento de control está relacionado con una mejora en memoria y rendimiento intelectual- especialmente en adultos mayores.Pero, ¿cómo puede el locus de control afectar al deterioro cognitivo? Según este equipo de investigación, los adultos mayores que experimentan pérdidas de memoria o deterioro físico pueden creer que ya no tienen control sobre estos procesos. Este sentimiento de pérdida de control va acompañado, a menudo, de estrés y ansiedad, lo que interfiere con su rendimiento y les dificulta para buscar y usar estrategias alternativas que puedan ayudarles a compensar estas pérdidas. 

En este línea, la evidencia existente sobre los factores protectores frente al envejecimiento muestra una clara relación entre un mayor rendimiento cognitivo y un alto nivel educativo y actividad física. Las personas con un nivel educativo superior son más propensas a usar estrategias alternativas para compensar el deterioro. Por otro lado, algunas investigaciones previas con animales han mostrado que el ejercicio físico puede producir nuevas conexiones neuronales. Un estudio de 2007 publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (Vol. 104, No. 13) ha encontrado que el ejercicio estimula las conexiones neuronales en una región del cerebro dentro del hipocampo – conocida como giro dentado- que es la responsable de el deterioro en la memoria que se produce con el envejecimiento. Así mismo, estudios preliminares sugieren que las personas con un bajo nivel educativo pueden ser capaces de mejorar su funcionamiento cognitivo a través del ejercicio físico y a través de la participación en actividades de estimulación mental. 

Reserva cognitiva 

Otro estudio de la Universidad de Columbia también proporciona más evidencias sobre la forma en que el nivel educativo protege al cerebro. Según Yaakov Stern, las personas con altos niveles de Cociente Intelectual, mayor nivel educativo, que participan en actividades que implican destrezas mentales complejas o en actividades de ocio, tienen un riesgo menor de desarrollar Alzheimer. En una revisión del 2006 en Alzheimer's Disease and Related Disorders (Vol. 20, No. 2), Sterns sugiere que estos factores pueden proporcionar una cantidad de "reserva" cognitiva, entendida como la capacidad de adaptarse al daño cerebral mediante el uso de mecanismos de afrontamiento que trabajen sobre el deterioro o, incluso, implicando a distintas áreas del cerebro para realizar las funciones que solían asociarse a las áreas cerebrales dañadas. 

Dicha reserva cognitiva puede provenir de una diferencia en el tamaño cerebral o en el número de neuronas, aportando una capacidad extra al individuo para soportar un mayor nivel de daño cerebral antes de comenzar a mostrar signos de Alzheimer u otras formas de demencia. 

Las actividades de estimulación mental y el ejercicio físico pueden también producir nuevas neuronas, anota Stern. Existen evidencias que sugieren que involucrarse en estas actividades puede prevenir o retrasar el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer. 



Fuente:

- http://www.infocop.es/view_article.asp?id=1812
- http://www.apa.org/monitor/2008/03/dementia.aspx

jueves, 27 de marzo de 2014

Mitos y verdades sobre el Alzheimer

La desinformación como factor clave del desconocimiento de la enfermedad de Alzheimer es significativa. Los orígenes, factores precipitantes, desarrollo y evolución no están claros para la mayor parte de la población. De este modo, surgen mitos que son condicionados a la propiedad de una enfermedad de naturaleza heterogénea, determinada por más de un agente causal y con manifestaciones conductuales psicológicas y emocionales particulares. Se expondrán en contraposición afirmaciones que dibujan un axioma veraz y definido de la enfermedad y sus consecuencias y avances científicos.

Existen de este modo muchas falacias, convicciones erróneas que han construido una enfermedad devastadora, propia y exclusiva del proceso de envejecimiento, relativa a cambios en las funciones del recuerdo, asociada a productos, fármacos y ambientes específicos, que determinan indudablemente su origen. El desorden familiar, la ruptura del núcleo familiar y de identidad personal dentro del grupo ha ocasionado en los cuidadores del enfermo un sentimiento de culpabilidad y de cuestionamiento de actitudes frente a esta enfermedad y su dedicación.

La complejidad de la enfermedad; la manifestación en cada individuo en criterios de gravedad, edad de comienzo, fases de afectación y conducta, la hacen una enfermedad de difícil diagnóstico, donde prima la importancia del diagnóstico precoz, el estudio de las funciones, la evaluación de síntomas y conductas. En ocasiones, la Enfermedad de Alzheimer (EA) puede manifestarse, en sus primeros estadios, similar a una depresión o una carencia de memoria asociada al proceso de envejecimiento normal.
La EA comienza inicialmente con evidentes quejas de memoria, de igual modo que produce en el individuo frecuentes olvidos, también se dan marcados cambios de humor y minoritarios problemas de lenguaje y comprensión, en principio (problema con encontrar alguna palabra o el contenido del discurso más breve).
El progresivo deterioro agrava estas nacientes limitaciones con el avance de la enfermedad. Estos síntomas originarios son atribuidos con frecuencia a la vejez y enmascarados por el propio enfermo hacia su entorno más próximo. Además de estos trastornos crecientes de memoria, aparecen anomalías en otras funciones mentales, dificultades para la realización de tareas familiares, desorientación (espacial y temporal), cambios en la personalidad y problemas asociados a la enfermedad como delirios, alucinaciones, labilidad emocional, agitación y agresión, irritabilidad, apatía, alteraciones de sueño, deambulación, cambios en la conducta alimenticia y alteraciones en la función ejecutiva.
Histológicamente se caracteriza por hallazgos consistentes en placas neuríticas y lesiones neurofibrilares corticales, atrofia de neuronas y sinapsis, la angiopatía amiloidea, la placa senil y el cambio neurofibrilar. Se han postulado varias causas etiológicas para explicar el padecimiento de la EA. Como factores de riesgo en el ámbito generativo se han citado la incidencia en el sujeto del genotipo APOE4, una historia familiar de Alzheimer. Demográficos se han considerado la edad avanzada, cociente intelectual/nivel educativo, ractores médicos la depresión, hipercolesterolemia, obesidad, déficit B12, historia médica anterior, diabetes, tabaquismo, alcohol y la incidencia de traumatismos.
Debido a la multiplicidad de factores y formas de manifestación, su diagnóstico debe de ser cuidadoso y diferencial y proceder a una evaluación integral del sujeto. La EA es la causa de demencia mas frecuente en el anciano.

Mitos y falacias

Los mitos más extendidos acerca del Alzheimer se agrupan en las siguientes categorías: 1. Salud, 2. Productos-fármacos preparados, 3. Tratamiento, 4. Sintomatología y e. Enfermo, los referidos al paciente.
1. Salud: Conjunta todos aquellos mitos relacionados con el ámbito de la salud y el padecimiento creciente de la EA. Normalmente se asocia con una enfermedad normal, irremediable y consecuente del envejecimiento. Se considera a esta enfermedad relacionada con problemas de memoria fundamentalmente, siendo el único de los síntomas destacados. Una característica interesante radica en la creencia de que la EA es una enfermedad hereditaria. De este modo, se han descrito anomalías cromosómicas pero esto no responde a un patrón de herencia. Sí es cierto que exista una entidad rara de la enfermedad (menos del 1% de todos los casos) de transmisión familiar, denominada la EA esporádica. Asimismo, se vincula el padecimiento de la EA solo a adultos mayores, cuando existen evidencias de casos en personas de 30-40 años. El caso más precoz descubierto es el de una mujer de 30 años (Alzheimer´s Disease Internacional, 1997).
2. Productos: Enlaza todos aquellos mitos relativos al consumo de fármacos, sustancias, productos que se han asociado erróneamente con un origen de la EA en la población. El aluminio causa Alzheimer como un mito originario de la década de los años 60 y 70. El hecho de beber, cocinar en ollas, cacerolas, tarros de este material causaban EA. Lo mismo ocurría con los empastes bucales de plata realizadas a base de amalgama de mercurio y estaño, las cuales también fueron relacionados con un riesgo de padecimiento de la enfermedad. Desde el punto de vista farmacológico, el uso de spray antigripal (flu shots), sembró gran polémica en torno a la década de los ochenta, cuando se postuló su riesgo vinculado al desarrollo de EA. Otro de los mitos más extendidos es el del uso de suplementos vitamínicos para prevenir la EA. Finalmente, el edulcorante artificial Aspartame (Nutrasweet y Equal) fue tachado de perjudicial para la memoria y predisponerte al desarrollo de demencia.
3. Tratamiento: Existe gran desconocimiento acerca de las posibilidades de tratamiento, estrategias terapeúticas y modalidades de intervención frente a la EA. Diversos mitos ejemplifican esta carencia informativa. Consta la creencia de que la EA no es fatal, que no posee esa propiedad progresiva y que puede curarse y prevenirse, así como enlentecer dramáticamente su progreso. Igualmente, se considera erróneamente que solo existen estrategias de intervención en los enfermos que se hallan en los estados iniciales de la enfermedad.
4. Sintomatología: La conducta del enfermo es blanco de una cantidad de mitos que discuten la verdadera naturaleza del comportamiento. Muchos son los que culpan al enfermo y no a la enfermedad de los síntomas que llevan al paciente a comportarse de una determinada forma. Las reacciones de enfado, deambulación, gritos, musitaciones, quejas, indiferencia, intensifican un grupo íntegro de reacciones incómodas y desapacibles hacia el cuidador y su entorno, que siempre son recriminadas al enfermo. Afirmaciones como “lo hace para molestarme, se levanta por la noche muy tarde para despertarnos o solo quiere llamar nuestra atención” constituyen una breve muestra de este extendido mito.
5. Enfermo: La relación entre el enfermo y cuidador desata interesantes mitos acerca de la enfermedad. El cuidador siempre tiene la creencia de “omnipotencia” con respecto al cuidado del enfermo. Esta creencia lo lleva a la dedicación exclusiva y, por lo tanto, a generar brutales reacciones de estrés y sobrecarga psicológica y emocional. Asimismo, el cuidador acrecienta cierta culpabilidad en el trato con el enfermo, se atribuye la preocupación del estado del paciente y rememora aquellas ocasiones y situaciones de enfrentamiento familiar que hubieran acontecido en el curso de la convivencia.

Verdades y progresos

La importancia del avance científico en el estudio de la EA viene potenciada por la gran repercusión mundial de la enfermedad. Su epidemiología se estima entre 18 y 22 millones de personas, ajustando a una prevalencia media que oscila entre el 3% y el 15% con una incidencia anual que va desde el 0,3 y 0,7 de los casos.
A continuación se exponen algunos de los avances acontecidos en el estudio del Azheimer.
- Científico: Los avances científicos en estudios de genética mediante estudios grandes grupos de población y modelos clínicos animales permitirán identificar las vías que afectan al desarrollo y la progresión de la EA. Asimismo, determinar los posibles objetivos para el tratamiento y la prevención. Estos estudios han indagado en la región del cromosoma 10 así como en los respectivos 12 y 19, como primordiales para estudiar el riesgo en EA. Los estudios con Síndrome de Down han aportado interesante información sobre el cromosoma 21 y su posible función en la EA. Los investigadores han demostrado gran dedicación en el factor APOE-e4 como gen de riesgo hallado en el cromosoma 19. La investigación en nuevas técnicas de neuroimagen y los biomarcadores proporcionaran futuras evidencias para la elaboración de nuevos tratamientos.
- Farmacológicos: Los ensayos clínicos que comparan un posible tratamiento con el tratamiento estándar o placebo, pueden determinar si un fármaco es efectivo. Los avances en compuestos elaborados para llegar a la prevención y reducir el riesgo de desarrollo de EA en el futuro.
La innovación en técnicas de neuroimagen, marcadores y biomarcadores unido al tratamiento farmacológico comprende dos grupos de fármacos: los anticolinesterásicos y la memantina, como apuestas para el desarrollo de nuevos tratamientos en la investigación.
- Terapeúticos: Los avances en las terapias psicológicas, el asesoramiento a cuidadores y el estudio de estilos de vida y hábitos alimenticios están en auge. Los comportamientos de promoción de salud durante toda la vida y el logro de un proceso de envejecimiento saludable proporcionan factores relevantes frente a la génesis de la enfermedad. Los estudios actuales pretenden ayudar a los afectados a mantener las funciones cognitivas y a tratar los síntomas conductuales asociados, así como a ralentizar la propensión a la enfermedad.
Desde el campo de la psicología, la intervención se mantiene en aliviar los problemas psiquiátricos y reducir el estrés en el cuidador.
 Conclusiones
La investigación sobre la enfermedad de Alzheimer sigue su curso con grandes pasos hacia un futuro esperanzador. Es importante conocer las características de la enfermedad y cultivarse en la capacidad de proporcionar un cuidado óptimo, sin presiones, estrés, ni sobrecarga hacia el enfermo. El apoyo de la sociedad se considera notable para la investigación. La colaboración interdisciplinar y la innovación científica lograrán cubrir grandes expectativas.
Los mitos y falsas concepciones mantienen la ignorancia y el inadecuado trato con los enfermos. La sociedad debe promover el conocimiento, el entrenamiento de los cuidadores (mediante redes sociales y asociaciones), la divulgación del conocimiento interdisciplinar y destacar la importancia del tratamiento no-farmacológico. La destrucción de los mitos irá precedida del asesoramiento y la erudición.


Fuente:
- http://www.psicologiacientifica.com/alzheimer-mitos-y-realidades/

miércoles, 26 de marzo de 2014

Rutinas cotidianas en adultos mayores

¿Es lo que hacemos en nuestra vida cotidiana aquello que nos gustaría hacer? No resulta demasiado aventurado suponer que la mayoría de nosotros dedicamos parte de nuestro tiempo diario a actividades que no nos satisfacen plenamente. En este sentido, en muchas ocasiones se habla de la vida tras la jubilación como un periodo dorado en el que dedicaremos nuestra gran cantidad de tiempo libre, ahora sí, a aquello que realmente nos satisface. 

Pero, ¿las personas que hoy son mayores hacen exactamente eso? ¿Dedican su tiempo a lo que quieren o desearían hacer cosas diferentes? 

Desde el departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Barcelona, y partiendo de este supuesto, hemos planteado un estudio en el que se comparan los patrones de actividad cotidiana con los de actividad deseada (la que se llevaría a cabo en un día ideal) en una muestra de personas mayores (ver Villar, Traidó, Solé y Osuna, 2006). El objetivo del estudio era doble: por una parte, saber si sus rutinas cotidianas se ajustan o no a eso que algunos autores han denominado ‘envejecimiento con éxito’, caracterizado entre otros aspectos por la presencia de actividades cotidianas productivas y por una vida social activa (Rowe y Kahn, 1999) y, por otra, establecer las implicaciones para la satisfacción de vital las personas mayores de esa distancia entre lo que hacen y lo que les gustaría hacer. 


Para ello se entrevistó a una muestra de 161 personas mayores, a quienes se pidió que detallasen las actividades del día anterior a la entrevista y de un día que pudieran considerar como ideal. En ambos casos, para cada actividad se especificaba el tiempo dedicado, los lugares donde se había llevado a cabo y con quién se compartió (en el caso que no fuese una actividad en solitario). Adicionalmente, los participantes contestaron un instrumento de satisfacción vital y otro con preguntas de tipo sociodemográfico. Todas las personas mayores disponían de un nivel óptimo de autonomía personal. 


Entre los resultados que se encontraron figuran los siguientes: 
Las actividades más mencionadas son las de tipo ‘obligatorio’, entre las que encontramos las básicas (comer, dormir, cenar, desayunar, etc.) y las instrumentales (ir a comprar, hacer la comida o arreglar la casa, etc.). A pesar de ser muy mencionadas, en términos cuantitativos sólo ocupaban el 20% del tiempo diario total. En estas actividades (y especialmente en las instrumentales), las diferencias de género son muy notables: las mujeres las mencionan más y dedican mucho más tiempo a ellas. 
Las actividades de ocio (por definición, ‘no obligatorias’) ocupan la mayor parte del tiempo despierto (dos de cada tres minutos). Esto sugiere que las personas mayores tienen grandes posibilidades para llevar una vida diseñada de acuerdo a las propias preferencias, aunque esta visión optimista ha de ser matizada cuando observamos el contenido de este tiempo, ocupado en su mayoría por una única actividad: ver la televisión. Como media, el tiempo dedicado a ver la televisión es mayor que el tiempo invertido en actividades de ocio de tipo productivo (educativas, deportivas o que suponen aportar algo a la comunidad) y de ocio social (charlar, jugar o pasear con amigos, etc.) 
Los mayores diseñaron un día ideal bastante parecido a su día de ayer. Las diferencias residían en las actividades instrumentales (prácticamente inexistentes en el día un día ideal), el ocio (desearían ver algo menos la televisión y emplear ese tiempo a otras actividades, especialmente de ocio social) y, sobre todo, en los lugares y compañías: los mayores desearían pasar mucho menos tiempo solos (la actividades solitarias ocupan casi el 50% de vigilia en las actividades del día de ayer, y son mucho más frecuentes en mujeres que en hombres) y más tiempo en familia, e invertir más tiempo en actividades fuera del hogar. 
A mayores diferencias entre el día de ayer y el día ideal, la tendencia es a presentar una satisfacción vital ligeramente menor. Los niveles de satisfacción vital eran en general muy elevados. 


En suma, los mayores disponen de mucho tiempo de ocio, pero la calidad de las actividades que lo componen es muy mejorable atendiendo a lo que les gustaría hacer como a criterios externos de envejecimiento con éxito (tiempo dedicado a actividades productivas, tiempo compartido con otras figuras sociales significativas). Si realmente queremos promover este envejecimiento óptimo, profundizar en las razones por las que no se implican aún más en actividades productivas (¿falta de recursos y oportunidades para desarrollar otras actividades? ¿falta de información acerca de los recursos existentes?) es un aspecto clave. 


En nuestro estudio llama la atención también la relativamente poca diferencia entre lo que los mayores hacen y lo que les gustaría hacer. A diferencia de lo que quizás sucedería si preguntamos a personas de mediana edad, los mayores no pintan un día ideal utópico, sino bastante realista: colocan en él actividades factibles, que se parecen a lo que ya hacen. Este establecimiento de ideales y objetivos relativamente modestos (y por ello relativamente fáciles de alcanzar) parece ser un aspecto especialmente adaptativo a medida que nos hacemos mayores, ya que favorece nuestra satisfacción y bienestar en un momento de la vida, la vejez, en el que quizás las personas nos damos cuenta de que el futuro puede ser más una amenaza que una oportunidad (Brandtstädter, y Rothermund, 2002; Ryff, 1991). 


Por último, observando con más detalle las diferencias entre el día de ayer y el ideal, parece que la configuración de un día ideal tiende a remarcar aspectos que están presentes en mayor medida en el día de ayer de los hombres que de las mujeres: menor tiempo dedicado a actividades instrumentales, mayor tiempo de ocio, más tiempo con compañía. Dicho en otras palabras, si le preguntásemos a una mujer mayor por un día ideal, probablemente lo que nos diga se acercaría al día de ayer típico en muchos hombres. 


Fuente:
- http://www.infocop.es/view_article.asp?id=787

martes, 25 de marzo de 2014

Vida afectiva en el adulto mayor

Este es un ámbito que con demasiada frecuencia dejamos aparcado y olvidado para no tener que abordarlo. Basta decir que si existe un aspecto intrínseco al ser humano que difícilmente puede anularse es la capacidad para sentir y para amar, independientemente de la edad que se tenga. El sexo en la edad avanzada está lleno de tópicos y de mucha ignorancia. El envejecimiento es un proceso fisiológico, no una enfermedad, por lo que la aproximación al sexo de cada persona no depende directamente del hecho en sí de cumplir años, sino de la manera en que la persona haya vivido y disfrutado su propia sexualidad. Las personas que gocen de buena salud y les guste el sexo seguirán disfrutando de él, buscando conductas alternativas pero igualmente satisfactorias.



Durante la vejez, las relaciones personales y familiares siguen siendo un aspecto fundamental en la vida de las personas. En esta etapa, más que en otras, se suelen acumular pérdidas afectivas. El grupo familiar cercano, suele verse reducido debido a las exigencias de la sociedad actual y la forma en que se organiza el cuidado de los mayores ya no es exclusivo de la familia sino que tiende a compartirse con otros apoyos más formales.

La estabilidad afectiva con la que llegan las personas a la vejez tampoco es igual en todos los individuos sino que va a depender de lo que hayamos ido sembrando por el camino, de los hábitos saludables que hayamos tenido, de las relaciones interpersonales que hayamos mantenido, de la propia sensación de haber disfrutado de la vida...

Probablemente en la actualidad, cambiar las creencias y la mentalidad de las personas que ya han pasado la barrera de los 65 años no es fácil, por no decir bastante improbable, ya que los hábitos de vida están firmemente consolidados. Sin embargo, desde el campo de la Psicología sí estamos a tiempo de poder intervenir sobre las futuras generaciones de mayores, preparándoles para cuando lleguen a esta etapa de la vida, contribuyendo a desterrar prejuicios y falsas concepciones, ayudándolos a planificar una vejez exitosa.

En este sentido, las aportaciones de la Psicología de nuestro tiempo en el campo de la Gerontología basan sus intervenciones en varias premisas:
a) Dar a conocer a la sociedad en general y a los mayores en particular, los cambios que trae consigo el proceso del envejecimiento en todos los ámbitos de la vida con el fin de eliminar de una vez por todas creencias erróneas que no han hecho sino contribuir a poner trabas al proceso de normalización y de aceptación de la vejez como una etapa más del ciclo vital.
b) Enseñar estrategias que ayuden a compensar los déficits cognitivos y de funcionalidad que vayan apareciendo
c) Potenciar la autoestima del individuo
d) Reforzar la manifestación de la afectividad en las relaciones personales y en las relaciones íntimas como una parte fundamental del ser humano
e) Potenciar el interés y la curiosidad por aprender, adaptando este aprendizaje a las modificaciones físicas y psicológicas de esta etapa.

Espero y deseo que así sea. No olvidemos que unos antes y otros después, pero todos vamos camino de la vejez.




Fuente:
- http://www.infocop.es/view_article.asp?id=671

lunes, 24 de marzo de 2014

¡Bienvenidos!


A lo largo de la historia de la humanidad el interés por la comprensión del proceso del envejecimiento y de los factores que en él influyen, ha sido constante. El objetivo de este blog es de informar sobre la prevención y cuidado que debe tener el adulto mayor para mejorar su calidad de vida.

Tradicionalmente, la psicología de los mayores se ha venido entendiendo como una psicología del deterioro, de pérdidas en todos los ámbitos de la vida de la persona, tanto a nivel de las capacidades cognitivas como funcionales y sociales. Esto ha contribuido a generar una imagen negativa de esta etapa del ciclo vital, tanto para la sociedad en la que vivimos como entre los propios mayores, que han asumido como características propias que ya no valen para nada, que a su edad ya no se pueden aprender cosas nuevas y que son un estorbo para su familia y para la sociedad.



Ciertamente, con el proceso de envejecimiento se producen una serie de cambios que afectan a diferentes áreas, cambios a nivel fisiológico, a nivel cognitivo y a nivel social. Sin embargo, estos cambios por sí mismos no tienen porque impedir el desarrollo de las actividades cotidianas que hasta entonces venía realizando la persona.

Uno de los factores objetivos que más ha influido en el mantenimiento de los estereotipos que se manejan de la vejez es el deterioro de la salud y, más concretamente, el deterioro funcional asociado, ya que es lo que contribuye, en gran medida, a limitar la autonomía personal del individuo.

La pérdida de independencia para manejarse en las actividades de la vida cotidiana es uno de los factores que más influye en la variabilidad del estado de ánimo de las personas, generando sentimientos de frustración y de impotencia. Pero esta pérdida de autonomía no es exclusiva de la vejez ya que las situaciones de dependencia pueden aparecer en cualquier momento de nuestro ciclo vital. Por ello, asociar la vida afectiva de los mayores a inevitables sentimientos de tristeza, de vacío, de soledad y de aislamiento son estereotipos que no se ajustan a la realidad de muchos de ellos.

El colectivo de mayores no es, por tanto, ni mucho menos homogéneo sino más bien lo contrario: constituye un grupo muy heterogéneo en el que no todos presentan la misma problemática ni existe uniformidad en la manera en que cada uno de ellos afronta los cambios y las pérdidas que, como en otros momentos de la vida se producen, también, en esta etapa.