jueves, 27 de marzo de 2014

Mitos y verdades sobre el Alzheimer

La desinformación como factor clave del desconocimiento de la enfermedad de Alzheimer es significativa. Los orígenes, factores precipitantes, desarrollo y evolución no están claros para la mayor parte de la población. De este modo, surgen mitos que son condicionados a la propiedad de una enfermedad de naturaleza heterogénea, determinada por más de un agente causal y con manifestaciones conductuales psicológicas y emocionales particulares. Se expondrán en contraposición afirmaciones que dibujan un axioma veraz y definido de la enfermedad y sus consecuencias y avances científicos.

Existen de este modo muchas falacias, convicciones erróneas que han construido una enfermedad devastadora, propia y exclusiva del proceso de envejecimiento, relativa a cambios en las funciones del recuerdo, asociada a productos, fármacos y ambientes específicos, que determinan indudablemente su origen. El desorden familiar, la ruptura del núcleo familiar y de identidad personal dentro del grupo ha ocasionado en los cuidadores del enfermo un sentimiento de culpabilidad y de cuestionamiento de actitudes frente a esta enfermedad y su dedicación.

La complejidad de la enfermedad; la manifestación en cada individuo en criterios de gravedad, edad de comienzo, fases de afectación y conducta, la hacen una enfermedad de difícil diagnóstico, donde prima la importancia del diagnóstico precoz, el estudio de las funciones, la evaluación de síntomas y conductas. En ocasiones, la Enfermedad de Alzheimer (EA) puede manifestarse, en sus primeros estadios, similar a una depresión o una carencia de memoria asociada al proceso de envejecimiento normal.
La EA comienza inicialmente con evidentes quejas de memoria, de igual modo que produce en el individuo frecuentes olvidos, también se dan marcados cambios de humor y minoritarios problemas de lenguaje y comprensión, en principio (problema con encontrar alguna palabra o el contenido del discurso más breve).
El progresivo deterioro agrava estas nacientes limitaciones con el avance de la enfermedad. Estos síntomas originarios son atribuidos con frecuencia a la vejez y enmascarados por el propio enfermo hacia su entorno más próximo. Además de estos trastornos crecientes de memoria, aparecen anomalías en otras funciones mentales, dificultades para la realización de tareas familiares, desorientación (espacial y temporal), cambios en la personalidad y problemas asociados a la enfermedad como delirios, alucinaciones, labilidad emocional, agitación y agresión, irritabilidad, apatía, alteraciones de sueño, deambulación, cambios en la conducta alimenticia y alteraciones en la función ejecutiva.
Histológicamente se caracteriza por hallazgos consistentes en placas neuríticas y lesiones neurofibrilares corticales, atrofia de neuronas y sinapsis, la angiopatía amiloidea, la placa senil y el cambio neurofibrilar. Se han postulado varias causas etiológicas para explicar el padecimiento de la EA. Como factores de riesgo en el ámbito generativo se han citado la incidencia en el sujeto del genotipo APOE4, una historia familiar de Alzheimer. Demográficos se han considerado la edad avanzada, cociente intelectual/nivel educativo, ractores médicos la depresión, hipercolesterolemia, obesidad, déficit B12, historia médica anterior, diabetes, tabaquismo, alcohol y la incidencia de traumatismos.
Debido a la multiplicidad de factores y formas de manifestación, su diagnóstico debe de ser cuidadoso y diferencial y proceder a una evaluación integral del sujeto. La EA es la causa de demencia mas frecuente en el anciano.

Mitos y falacias

Los mitos más extendidos acerca del Alzheimer se agrupan en las siguientes categorías: 1. Salud, 2. Productos-fármacos preparados, 3. Tratamiento, 4. Sintomatología y e. Enfermo, los referidos al paciente.
1. Salud: Conjunta todos aquellos mitos relacionados con el ámbito de la salud y el padecimiento creciente de la EA. Normalmente se asocia con una enfermedad normal, irremediable y consecuente del envejecimiento. Se considera a esta enfermedad relacionada con problemas de memoria fundamentalmente, siendo el único de los síntomas destacados. Una característica interesante radica en la creencia de que la EA es una enfermedad hereditaria. De este modo, se han descrito anomalías cromosómicas pero esto no responde a un patrón de herencia. Sí es cierto que exista una entidad rara de la enfermedad (menos del 1% de todos los casos) de transmisión familiar, denominada la EA esporádica. Asimismo, se vincula el padecimiento de la EA solo a adultos mayores, cuando existen evidencias de casos en personas de 30-40 años. El caso más precoz descubierto es el de una mujer de 30 años (Alzheimer´s Disease Internacional, 1997).
2. Productos: Enlaza todos aquellos mitos relativos al consumo de fármacos, sustancias, productos que se han asociado erróneamente con un origen de la EA en la población. El aluminio causa Alzheimer como un mito originario de la década de los años 60 y 70. El hecho de beber, cocinar en ollas, cacerolas, tarros de este material causaban EA. Lo mismo ocurría con los empastes bucales de plata realizadas a base de amalgama de mercurio y estaño, las cuales también fueron relacionados con un riesgo de padecimiento de la enfermedad. Desde el punto de vista farmacológico, el uso de spray antigripal (flu shots), sembró gran polémica en torno a la década de los ochenta, cuando se postuló su riesgo vinculado al desarrollo de EA. Otro de los mitos más extendidos es el del uso de suplementos vitamínicos para prevenir la EA. Finalmente, el edulcorante artificial Aspartame (Nutrasweet y Equal) fue tachado de perjudicial para la memoria y predisponerte al desarrollo de demencia.
3. Tratamiento: Existe gran desconocimiento acerca de las posibilidades de tratamiento, estrategias terapeúticas y modalidades de intervención frente a la EA. Diversos mitos ejemplifican esta carencia informativa. Consta la creencia de que la EA no es fatal, que no posee esa propiedad progresiva y que puede curarse y prevenirse, así como enlentecer dramáticamente su progreso. Igualmente, se considera erróneamente que solo existen estrategias de intervención en los enfermos que se hallan en los estados iniciales de la enfermedad.
4. Sintomatología: La conducta del enfermo es blanco de una cantidad de mitos que discuten la verdadera naturaleza del comportamiento. Muchos son los que culpan al enfermo y no a la enfermedad de los síntomas que llevan al paciente a comportarse de una determinada forma. Las reacciones de enfado, deambulación, gritos, musitaciones, quejas, indiferencia, intensifican un grupo íntegro de reacciones incómodas y desapacibles hacia el cuidador y su entorno, que siempre son recriminadas al enfermo. Afirmaciones como “lo hace para molestarme, se levanta por la noche muy tarde para despertarnos o solo quiere llamar nuestra atención” constituyen una breve muestra de este extendido mito.
5. Enfermo: La relación entre el enfermo y cuidador desata interesantes mitos acerca de la enfermedad. El cuidador siempre tiene la creencia de “omnipotencia” con respecto al cuidado del enfermo. Esta creencia lo lleva a la dedicación exclusiva y, por lo tanto, a generar brutales reacciones de estrés y sobrecarga psicológica y emocional. Asimismo, el cuidador acrecienta cierta culpabilidad en el trato con el enfermo, se atribuye la preocupación del estado del paciente y rememora aquellas ocasiones y situaciones de enfrentamiento familiar que hubieran acontecido en el curso de la convivencia.

Verdades y progresos

La importancia del avance científico en el estudio de la EA viene potenciada por la gran repercusión mundial de la enfermedad. Su epidemiología se estima entre 18 y 22 millones de personas, ajustando a una prevalencia media que oscila entre el 3% y el 15% con una incidencia anual que va desde el 0,3 y 0,7 de los casos.
A continuación se exponen algunos de los avances acontecidos en el estudio del Azheimer.
- Científico: Los avances científicos en estudios de genética mediante estudios grandes grupos de población y modelos clínicos animales permitirán identificar las vías que afectan al desarrollo y la progresión de la EA. Asimismo, determinar los posibles objetivos para el tratamiento y la prevención. Estos estudios han indagado en la región del cromosoma 10 así como en los respectivos 12 y 19, como primordiales para estudiar el riesgo en EA. Los estudios con Síndrome de Down han aportado interesante información sobre el cromosoma 21 y su posible función en la EA. Los investigadores han demostrado gran dedicación en el factor APOE-e4 como gen de riesgo hallado en el cromosoma 19. La investigación en nuevas técnicas de neuroimagen y los biomarcadores proporcionaran futuras evidencias para la elaboración de nuevos tratamientos.
- Farmacológicos: Los ensayos clínicos que comparan un posible tratamiento con el tratamiento estándar o placebo, pueden determinar si un fármaco es efectivo. Los avances en compuestos elaborados para llegar a la prevención y reducir el riesgo de desarrollo de EA en el futuro.
La innovación en técnicas de neuroimagen, marcadores y biomarcadores unido al tratamiento farmacológico comprende dos grupos de fármacos: los anticolinesterásicos y la memantina, como apuestas para el desarrollo de nuevos tratamientos en la investigación.
- Terapeúticos: Los avances en las terapias psicológicas, el asesoramiento a cuidadores y el estudio de estilos de vida y hábitos alimenticios están en auge. Los comportamientos de promoción de salud durante toda la vida y el logro de un proceso de envejecimiento saludable proporcionan factores relevantes frente a la génesis de la enfermedad. Los estudios actuales pretenden ayudar a los afectados a mantener las funciones cognitivas y a tratar los síntomas conductuales asociados, así como a ralentizar la propensión a la enfermedad.
Desde el campo de la psicología, la intervención se mantiene en aliviar los problemas psiquiátricos y reducir el estrés en el cuidador.
 Conclusiones
La investigación sobre la enfermedad de Alzheimer sigue su curso con grandes pasos hacia un futuro esperanzador. Es importante conocer las características de la enfermedad y cultivarse en la capacidad de proporcionar un cuidado óptimo, sin presiones, estrés, ni sobrecarga hacia el enfermo. El apoyo de la sociedad se considera notable para la investigación. La colaboración interdisciplinar y la innovación científica lograrán cubrir grandes expectativas.
Los mitos y falsas concepciones mantienen la ignorancia y el inadecuado trato con los enfermos. La sociedad debe promover el conocimiento, el entrenamiento de los cuidadores (mediante redes sociales y asociaciones), la divulgación del conocimiento interdisciplinar y destacar la importancia del tratamiento no-farmacológico. La destrucción de los mitos irá precedida del asesoramiento y la erudición.


Fuente:
- http://www.psicologiacientifica.com/alzheimer-mitos-y-realidades/

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